Nadie
tiene la paz garantizada. La historia nos ha enseñado que hasta los países
más poderosos han sido víctimas de la barbarie humana. Devastadadores hechos
inductores de muerte e incomprensión hacia una desmedida codicia que nos demuestran la gran
posibilidad de un ataque no previsto.
Es así como hace más de cien años el Perú sufrió un desmedido golpe chileno,
provocando la
pérdida de Arica y Tarapacá. La guerra que nos dejó inmersos en una opulenta
crisis que hirió profundamente el corazón de todos los peruanos.
Debido a la actual necesidad chilena de explotar sus recursos naturales, la
anguria por nuestra agua y gas se podría convertir en el detonante de un nuevo conflicto armado, que
de no tomarse las
precauciones necesarias, nos ocasionaría pérdidas inimaginables.
En los últimos años, el gobierno chileno ha comenzado una campaña armada que
resulta
aterradora. La compra de fragatas, buques, misiles y artillería en
general, nos demuestra que nuestra tranquilidad nacional se podría ver amenazada por un monstruo ya conocido.
La reacción chilena ante las dudas que emergen sobre el proceso que están
concibiendo, son
de total negación a un supuesto ataque y de acuerdo con el gobierno vecino, no
hay razón para
pensar en segundas intenciones con respecto a la adquisición de su armamento, e
inclusive revalidan la condición de paz que existe entre los dos países.
Por otro lado, las opiniones que aquí se formulan son distintas. La
polémica sobre respaldar la
seguridad nacional, mediante la compra de armamento, está vigente, ya que para
muchos más vale
tener un seguro y no necesitarlo, que necesitar un seguro y no tenerlo.
Si bien es cierto que nadie le ha declarado la guerra a nadie, es cierto también
que no se puede descartar un conflicto bélico en el futuro; así como la guerra que vivimos con
Ecuador, un enfrentamiento podría darse inusitadamente, sin la necesidad de un previo aviso para que
nuestras Fuerzas Armadas
encuentren la manera de defenderse.
La
guerra que vivió el Perú contra Chile ha sido uno de los hechos más lamentables
en nuestra historia. Sufrimos un inminente golpe que dejó desmedidas pérdidas
en nuestro país. Una gran
coincidencia con la actualidad, son las razones del
ataque. La necesidad chilena de guano y salitre que se convirtió en la excusa perfecta para arrebatarnos gran parte del
territorio nacional. La
búsqueda, a toda costa, de crecer económicamente ha sido una etapa muy
importante en la historia del país Mapocho.
La supremacía en América del Sur y el liderazgo para comercializar con empresas asiáticas son uno de sus mayores propósitos.
Es indudable que la inversión chilena en nuestro país conforma una de las bases
de nuestro
mercado. El poderío extranjero que se mueve en el Perú proyecta un gran
dominio en nuestra economía, siendo así, partícipes de nuestro futuro. Los lazos que nos
ligan con el país hermano son
indefectibles, y tal vez, podrían llegar a ser dañinos.
El gobierno del Perú debe ser consciente de la potencial amenaza que
significaría, hoy en día, una guerra con Chile. Es necesario y vital un total crecimiento en
nuestras Fuerzas Armadas y una
gran labor de inteligencia.
Es así como luego de haber vivido hechos tan lamentables y tan terroríficos,
sería ridículo que nuestro gobierno arriesgue a toda una nación, por simples suposiciones de
seguridad que podrían
regresar a acosarnos con la muerte innecesaria de miles de personas.
Guerra avisada no mata gente.
Escrito
por Roxana Ormeño Callirgos.